TENDENCIA ECONÓMICA

227 | Abril 2022

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Actualidad: Recuperación heterogénea del sector constructor

*Con la colaboración de Martha Elena Delgado y Sebastián Bernal Hernández

En el 2020 Colombia registró la mayor contracción económica en su historia con una caída del 7,0% del PIB como consecuencia de la pandemia por Covid-19. Afortunadamente, el 2021 fue el año de la recuperación de la actividad productiva y sectores como el comercio y la industria recuperaron sus niveles de valor agregado de 2019 incluso durante el tercer trimestre de ese año. A pesar del gran repunte que se observó en toda la actividad económica (crecimiento de 10,6% del PIB), algunos sectores productivos aún no recuperan los niveles de producción prepandemia. Este es el caso de los sectores de explotación de minas y canteras y el de construcción, los cuales registran una variación respectiva del           -15,2% y -22,6% en 2021 respecto al 2019.

De estos dos sectores, es el de la construcción el que presenta una menor dinámica en su actividad productiva y, dada su importancia en términos de encadenamientos sectoriales, requiere de un análisis más detallado. Con esto en mente, en el presente artículo de actualidad se describe la evolución reciente de la construcción, las dinámicas de sus subsectores, los retos en la actualidad y las perspectivas en el corto plazo.

Sector constructor

El sector constructor registró variaciones anuales negativas durante el 2017 (-2,0%), 2018 (-1,3%) y 2019 (-3,9%) explicado principalmente por la baja actividad en el subsector de edificaciones[1] y de actividades especializadas para la construcción. De igual forma, para el 2020 el sector evidenció una contracción anual del orden del 26,8% (Gráfico 1), donde todos los subsectores presentaron variaciones anuales negativas.

Como consecuencia de un gran efecto base, en 2021 el sector constructor registró la primera variación anual positiva desde 2016 alcanzando un crecimiento de 5,7%. Aunque los subsectores de edificaciones y actividades especializadas observaron variaciones anuales positivas, el de obras civiles experimentó una baja actividad productiva al presentar contracciones anuales negativas tanto en la totalidad del 2021 (-4,6% vs -31,0% en 2020) como en el cuarto trimestre del mismo año (-7,5% vs -31,6% en 2020-IV).

 

Contrarrestando la contracción de las obras civiles, la construcción de edificaciones presentó un crecimiento de 13,7% con respecto al cuarto trimestre de 2020. Esto se debe a que la actividad de edificaciones residenciales tuvo una mejor dinámica (22,9%) que la actividad no residencial, la cual se redujo a una tasa anual del 4,8%. A pesar del mejor comportamiento en lo corrido del 2021 (variación anual de 11,6% vs -25,9% en 2020), el nivel de actividad del subsector edificador en 2021-IV (86,7) dista del nivel de 2019-IV (igual a 100).

De esta manera, el valor agregado del sector constructor, aunque exhibió crecimientos anuales en los últimos 3 trimestres y en la totalidad del 2021, sigue por debajo de los niveles de producción prepandemia al registrar un índice de 79,1 en 2021-IV, donde el subsector de obras civiles es el que más se encuentra alejado al presentar un nivel de 63,3 en el mismo periodo de referencia (Gráfico 2).

Subsector de edificaciones

El subsector de edificaciones se divide en edificaciones residenciales (apartamentos y casas)[2] y no residenciales (construcción de oficinas, instalaciones de comercio, bodegas e infraestructura institucional[3]). Una de las fuentes de información más relevantes para este subsector es el censo de edificaciones (CEED) realizado por el DANE, gracias al cual es posible determinar el estado actual de la actividad edificadora haciendo énfasis en su composición, evolución y producción.

Al analizar estas cifras se encuentra que el área censada se divide por 3 estados de obra: área culminada, área paralizada y área en proceso. Dentro de las dos primeras categorías

es posible identificar la evolución del subsector edificaciones a partir de los metros cuadrados que han finalizado su construcción y están listos para venderse y los que lo han suspendido. De esta forma, para el cuarto trimestre del 2021 el área culminada alcanzó los 4,2 millones de metros cuadrados, lo que representó una variación anual de 7,7%. En lo corrido de 2021 el desempeño también fue positivo, ya que se observó una tasa de crecimiento promedio del 19,9%. Respecto a la obra paralizada, en 2021-IV los resultados no fueron tan alentadores, pues se registró un incremento anual de 1,3%. A pesar del desempeño de final de año, en lo corrido del 2021 el área paralizada disminuyó respecto al 2020 con una variación anual de -15,6% (Gráfico 3).

Por su parte, el área en proceso sirve para dar seguimiento a la producción que está teniendo lugar en el subsector de edificaciones. Para 2021-IV, el área que se encuentra en obra activa alcanzó los 25,2 millones de metros cuadrados presentando así una variación anual de 6,3%. Para el total de 2021, se registró un desempeño positivo respecto al año anterior, ya que el área en proceso se incrementó 11,5%, donde sobresalió el área nueva que tuvo una variación anual de 47,9% y que reflejó los nuevos proyectos que iniciaron durante el año pasado.

Otra forma de abordar la producción del subsector edificador es analizando el área causada[4] que para el último trimestre de 2021 registró 4,1 millones de metros cuadrados (variación anual de 24,8%), donde se alcanzó un crecimiento anual de 29,7% en los destinos residenciales y de 9,3% en los destinos no residenciales. Para la totalidad del 2021, dicha área tuvo una variación de 26,9% evidenciando así la dinámica positiva que se experimentó durante la reactivación económica observada en 2021 (Gráfico 4).

Al momento de analizar las perspectivas a futuro que tiene el subsector edificador, un indicador importante son las licencias de construcción, ya que representan un requisito para poder iniciar todo proceso de construcción y de esta manera aluden al potencial de la actividad edificadora formal. En lo corrido del presente año, las licencias de construcción han registrado un nivel superior al del promedio del año pasado. Si se usa un índice base 100 igual a 2019, se puede evidenciar como en enero y febrero se alcanzó un nivel promedio de 94,3, mientras que en 2021 se observó un nivel de 92,8 (Gráfico 5). Igualmente, para febrero las licencias de construcción aumentaron 1,6% anual, lo cual fue producto de un incremento de las licencias para vivienda (variación anual de 6,9%) y una reducción de las licencias para destinos no habitacionales (variación anual de -24,2%).

Del análisis del área causada y del comportamiento de las licencias de construcción se puede observar la importancia que tiene el componente de vivienda en el subsector edificador. Ahondando más en las obras con destinación residencial se puede confirmar el buen desempeño que se experimentó durante el 2021 y en lo corrido del 2022 a través de las ventas de vivienda VIS, las cuales superan en gran medida a lo observado en época prepandemia y registran un aumento del 8,0% anual durante el primer trimestre de 2022. Al igual que las ventas, la oferta de vivienda VIS experimenta niveles superiores a los prepandemia y en lo corrido del año alcanzó un promedio de 85,5 mil unidades disponibles.

Por el lado de las viviendas NO-VIS, aunque el número de ventas se mantiene por encima de los niveles registrados en 2019 y 2018, para el primer trimestre de 2022 dicho indicador se contrajo 10,1% anual, mientras que la oferta mantiene una tendencia decreciente que para 2022-I llega a las 67,9 mil unidades disponibles en promedio (Gráfico 6).

Al examinar las perspectivas a futuro del sector residencial, los lanzamientos[5] registran un menor ritmo de actividad en lo corrido del primer trimestre del 2022 al disminuir 4,1% anual. A pesar de esta contracción, comparado con el mismo trimestre de 2019 se observa una variación positiva del 23,7%, por lo que, de esta forma, los lanzamientos de vivienda podrían sugerir que a lo largo del 2022 y 2023 el subsector de edificaciones no experimentaría la misma dinámica observada el año anterior, pero sí un nivel de producción superior al del 2019.

Ligado a los bajos lanzamientos, la disposición a comprar vivienda medida a través de la EOC expone una situación más desalentadora, ya que en lo corrido del primer trimestre esta ha disminuido frente al mismo trimestre del año anterior (promedio 2022-I: -13,4% vs 2021-I: -11,5%) evidenciando así una menor disposición a adquirir vivienda. Discriminando por nivel socioeconómico, esta dinámica estuvo presente en el estrato medio (promedio 2022-I: -12,1% vs 2021-I: -6,4%) y alto (promedio 2022-I: 0,7% vs 2021-I: 16,4%), mientras que el estrato bajo registró una ligera mejoría (promedio 2022-I: -16,5% vs 2021-I: -20,0%).

En síntesis, el subsector de edificaciones registró un desempeño positivo en 2021 especialmente en las obras con destinación residencial. Para los próximos meses, se podría esperar un panorama mixto, ya que las licencias de construcción reflejan una mejor dinámica que podría traducirse en nuevos proyectos. Sin embargo, la disposición a comprar vivienda y los lanzamientos presentan una situación desfavorable comparado con el primer trimestre de 2021, aunque en el caso de los lanzamientos se registran niveles superiores a los de 2019.

Subsector de obras civiles

Abordando el segundo subsector, una de las principales fuentes de información es el Indicador de Producción de Obras Civiles (IPOC), el cual hace seguimiento trimestral a partir del avance de obra reportado por los contratistas a nivel nacional. El resultado para 2021-IV indica que la producción total disminuyó 0,5% anual (vs -21,4% en 2020-IV). Este comportamiento se explica por la contribución negativa de las construcciones de carreteras, calles, vías férreas, pistas de aterrizaje, puentes, carreteras elevadas y túneles (-7,9 pps), de tuberías, líneas de comunicación y cables de poder (-6,7 pps) y construcciones deportivas al aire libre (-0,5 pps). Por otra parte, la construcción de minas y plantas industriales (14,1 pps) y de puertos, canales, presas, sistemas de riego y otras obras hidráulicas (0,5 pps) contribuyó a una menor reducción del indicador (Gráfico 9).

Por su parte, la producción de concreto premezclado destinado a la construcción de obras civiles en lo corrido de 2022 alcanzó un nivel de 58,3 (usando un indicador base 100 igual a 2019), mientras que en el año completo de 2021 dicho índice fue de 62,4 (vs 64,7 en 2020). A pesar de este resultado, en enero y febrero del presente año el concreto observó una variación anual de 2,9% y -0,1% respectivamente, reflejando así una dinámica positiva a inicios de año, pero que aún no es suficiente para superar los metros cúbicos promedio de 2021.

Con estas cifras, se puede observar como el desempeño del subsector de obras civiles fue negativo durante el 2021 y no registra una clara recuperación en lo corrido del 2022. A pesar de esto, para el resto del año se espera que la continuidad de proyectos viales como las vías de cuarta generación (4G) tengan un efecto positivo en la actividad productiva del subsector. Dichas obras totalizan una longitud concesionada de 4,498 kilómetros, los cuales están repartidos en 30 proyectos donde a la fecha 22 se encuentran en construcción, 4 en preconstrucción, 3 en operación y 1 en normalización[6].

Por su parte, para el 2023 se esperan que los proyectos en infraestructura de quinta generación (5G) se dividan en una primera ola con una inversión estimada de 20,3 billones de pesos, distribuidos en 7 proyectos viales, 4 proyectos aeroportuarios, 1 proyecto férreo y 2 proyectos fluviales, mientras que la segunda Ola tenga una inversión de 29,8 billones de pesos distribuidos en 13 proyectos, de los cuales 11 son viales, 1 aeroportuario y 1 fluvial (Aniscopio, 2022).

Empleo en el sector construcción

En términos de empleo, para el cuarto trimestre del 2021 el número de ocupados en el sector construcción fue de 1,6 millones de personas, lo que representó un incremento del 6,5% frente al mismo periodo de referencia un año atrás. En la totalidad de 2021, la construcción fue la octava actividad económica en registrar mayor número de ocupados[7], alcanzando el 6,9% de la población ocupada total. Con estas cifras, el nivel de ocupados para ese año se ubicó en 96,6, (tomando como índice base 100 igual a 2019),  muy cerca de los niveles percibidos en los años prepandemia. A la hora de analizar el anterior índice y la proporción de los ocupados mensualmente, se puede evidenciar una clara recuperación del sector que tuvo inicio en el segundo semestre del 2021. Gracias a esta reciente dinámica, para diciembre del mismo año se observó un nivel de ocupados en la actividad constructora que superó en 15,6% la población promedio ocupada en 2019.

Mensajes Finales

Como consecuencia de la contracción registrada en 2020, en 2021 el sector constructor observó un crecimiento anual del 5,7% que significó la primera variación positiva desde el 2016. A pesar de esta recuperación, se puede evidenciar que el crecimiento no estuvo presente en todos los subsectores, pues este estuvo jalonado por los servicios especializados para la construcción y las edificaciones, donde el componente residencial fue el de mayor dinamismo. En la actualidad, aunque las ventas de viviendas experimentaron un crecimiento anual en el primer trimestre de 2022, variables como la disposición a comprar vivienda y los lanzamientos reflejan un futuro menos alentador para el subsector edificador. Por su parte, las obras civiles continuaron con una tendencia negativa en 2021, pero se espera que estas inicien su recuperación en 2022 gracias a los grandes proyectos en ejecución como las vías 4 y 5G. En términos de empleo, la población ocupada en el sector constructor en 2021 se encuentra en niveles muy cercanos a los observados en 2019.

En resumen, el 2021 fue un año con dinámicas diferentes dentro del sector constructor, en donde la producción de las obras civiles aún se encuentra lejos de los niveles prepandemia y la actividad edificadora registra una tendencia de recuperación positiva, pero con retos en el corto plazo.

 

[1] En las cuentas nacionales, el sector constructor se divide en 3 subsectores: edificaciones que hace referencia a edificios residenciales y no residenciales; obras civiles que alude a la construcción de carreteras, vías de ferrocarril, proyectos de servicio público y otras obras de ingeniería civil; y finalmente el subsector de actividades especializadas para la construcción,  que refiere a actividades de demolición, preparación del terreno, instalaciones eléctricas, actividades de terminación y acabado, instalaciones de fontanería, calefacción y aire acondicionado y otras actividades especializadas para la construcción.

[2] Que a su vez también se pueden dividir en viviendas de interés social (VIS) y viviendas que no son de interés social (NO-VIS).

[3] Agrupa los destinos de educación, hoteles, hospitales y centros asistenciales, administración pública y otros.

[4] El área causada hace referencia a los metros cuadrados construidos en el trimestre de referencia.

[5] Normalmente, en el desarrollo de la actividad de construcción se arranca primero con el proceso de ventas y luego de alcanzar cierto porcentaje de unidades vendidas, se inicia con la construcción del proyecto. Es por esto que los lanzamientos (unidades de proyectos que inician ventas) pueden ser considerados como uno de los primeros pasos antes de iniciar la actividad productiva.

[6] Por departamentos los proyectos se ubican en su mayoría en Antioquia (10), Cundinamarca (7) y Tolima (5).

[7] Superada por actividades como el comercio, agricultura, administración pública, industria, actividades artísticas, transporte y alojamiento y servicios de comida.

Referencias

Agencia Nacional de Infraestructura (Aniscopio). Resumen ejecutivo Proyectos Carreteros.

Agencia Nacional de Infraestructura (Aniscopio). Proyectos 5G.

Censo de Edificaciones (CEED). Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE).

Coordenada Urbana. Cámara Colombiana de la Construcción.

Producto Interno Bruto. Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE).

Empleo y desempleo. Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE).

Encuesta de Opinión del Consumidor (EOC). Fedesarrollo.

Estadísticas de Concreto Premezclado (EC). Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE).

Estadísticas de Licencias de Construcción (ELIC). Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE).

Indicador de Producción de Obras Civiles (IPOC). Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE).

Notas

Editorial: Un año de alza en la inflación de alimentos

 

Con la colaboración de: Martha Elena Delgado, Diego Fernando Cuesta y Jesús Daniel Sarmiento

Durante los últimos meses se ha experimentado una ola inflacionaria global impulsada principalmente por aumentos generalizados en los precios de los alimentos. Este fenómeno, además de dar cuenta de la recuperación rezagada de la oferta global y de las cadenas de suministro en un contexto de mayor dinamismo de la demanda, refleja alzas en los precios de los commodities, debido a la reciente incertidumbre con respecto al devenir del conflicto entre Rusia y Ucrania. En particular, ha impactado sobre el precio de insumos agropecuarios, lo que para Colombia ha significado un aumento en los costos de producción de los alimentos que se han trasladado paulatinamente hacia los precios finales de los consumidores. Aunado a lo anterior, se presentan presiones de origen interno, asociadas principalmente a ciclos productivos desfavorables y restricciones en la oferta, que han mantenido la inflación de este segmento al alza y le han llevado a ser el componente de mayor contribución sobre la inflación total.

Dado este contexto desfavorable, el Gobierno Nacional en cabeza del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, expidió durante los meses de marzo y abril los decretos 307 y 405 de 2022, en los cuales estableció una reducción de los aranceles hasta 0% para un total de 204 productos importados. Esta medida cuya vigencia varia por productos entre 6 meses y 1 año, se espera que logre impactar sobre la reducción de los costos de los insumos agropecuarios y posteriormente, sobre los precios del consumidor, especialmente del componente de alimentos.

Dado este contexto, en el presente Editorial, se ahonda en los resultados de la inflación de alimentos del mes de abril y en los factores, tanto internos como externos, que han determinado la evolución reciente de la inflación de alimentos. En adición, se propone un ejercicio sencillo de análisis que pretende estimar el impacto potencial de las nuevas medidas arancelarias sobre la inflación. En primera instancia, este ejercicio consiste en la identificación y cálculo de la reducción de los aranceles sobre el Índice de precio al productor (IPP) de los bienes importados y del IPP de oferta interna. Posteriormente, evalúa el traspaso de dicho impacto al Índice de precios del Consumidor (IPC), a partir de un modelo vectorial de corrección de errores (VECM) que reconoce la existencia de una relación de largo plazo entre las variaciones mensuales de ambos índices. Tras la aplicación de dicho ejercicio se logró determinar que el conjunto de medidas tendría un impacto potencial máximo de 16,3 puntos básicos (pbs) sobre la inflación anual del mes de septiembre y de 7,6 pbs al final del año. Este resultado permite concluir que el impacto esperado de las medidas es limitado.

 

 

  1. Evolución reciente de la inflación de los alimentos

La inflación en Colombia, que ha mantenido una tendencia alcista desde marzo de 2021, se ubicó en abril de 2022 en 9,23%. Esta variación anual, que es la más alta desde julio del año 2000, superó por noveno mes consecutivo (la inflación en agosto se ubicó en 4,4%) el límite superior del rango meta del Banco de la República (Gráfico 1).

Este comportamiento, ha sido impulsado principalmente por el componente de alimentos, el cual ha registrado una aceleración de la inflación desde el segundo trimestre de 2021, cuando pasó de registrar 4,0% en marzo a 9,5% en abril y cerró el año en 17,2%. En lo corrido de 2022, este comportamiento persistió y ubicó la inflación del componente en 19,9%, 23,3%, 25,4% y 26,2% para los meses de enero, febrero, marzo y abril respectivamente, los valores más altos desde que se adoptó el régimen de inflación objetivo. De hecho, se ubican también ampliamente por encima de las registradas por algunos de sus socios comerciales (Gráfico 2).

En particular, el componente de alimentos ha contribuido en promedio en 44,7% a la inflación total en los últimos doce meses (Gráfico 3). Para el mes de abril aportó 4,26 pps a la inflación, lo que representó una participación de 46,2% sobre la variación total. Asimismo, en términos mensuales contribuyó con 0,51 pps, lo que significó una participación de 40,9% sobre el total del mes (1,25%).

La escalada del precio de los alimentos responde tanto a la evolución de los alimentos perecederos como de los procesados, los cuales registraron una variación anual de 41,9% y 21,6% durante el mes de abril, respectivamente (Gráfico 4). En términos de contribuciones a la inflación anual, el componente de procesados, que representa el 79,0% de la canasta de alimentos, aportó 16,8 pps a la inflación, mientras que el componente de perecederos, que representa el 21,0% de dicha canasta, aportó 9,4 pps. Dentro del grupo de procesados, la carne de res y sus derivados (5,3%), la leche (2,7%), la carne de aves (2,6%), los aceites comestibles (1,8%), el pan (1,2%), los quesos y productos afines (0,9%), el arroz (0,7%) y las legumbres secas (0,7%) registraron los mayores aportes a la inflación anual de abril. Por su parte, en el grupo de perecederos los mayores aportes los registraron las papas (8,6%), las frutas frescas (8,3%), los huevos (6,8%), los plátanos (6,1%) y las hortalizas y legumbres frescas (3,1%).

Pese a que en términos anuales las 59 subclases de los alimentos experimentaron variaciones de precios positivas, solamente las 13 subpartidas referenciadas anteriormente explicaron más del 76% de la inflación entre noviembre de 2021 y marzo de 2022. Para el mes de abril, la contribución de estos mismos 13 productos se redujo levemente hasta 74,8% (Gráfico 5). Este comportamiento se presenta también cuando se hace la distinción entre alimentos procesados y perecederos. En particular, para el primer grupo, dentro del total de 45 subpartidas, solo 8 de ellas explicaron más del 70% de la inflación del último semestre (Gráfico 6). Asimismo, para el grupo de perecederos, solo 5 de las 14 lograron explicar el 78,2% de la inflación anual del abril (Gráfico 7).

  1. Factores internos y externos

2.1 Contexto internacional

Los ya conocidos problemas de comercio internacional que enfrenta el mundo ante las disrupciones en las cadenas de suministro, así como los altos costos de transporte en un contexto de recuperación de la economía global, siguen generando fuertes presiones inflacionarias. En particular, pese a una paulatina recuperación de la disponibilidad de contenedores a nivel mundial en los últimos meses, aún el precio de estos se ubica ampliamente por encima a lo registrado previo a la pandemia por COVID-19 (Gráfico 8), lo cual impacta a su vez sobre los precios de los bienes importados, tales como los insumos agropecuarios y otros alimentos transables.

A esto se les añaden las presiones recientes, principalmente en insumos, generadas por el conflicto en Europa del este. El más reciente reporte de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación (FAO, por su sigla en inglés) para el mes de abril muestra como el índice de precios internacionales de alimentos ha alcanzado máximos históricos durante los últimos 10 años, con una media de 158,5 puntos para el mes de abril, incrementándose en un 29,8% en el último año (Gráfico 9). En este apartado tanto los cereales, especialmente el maíz y la soya, así como los aceites vegetales, principalmente el aceite de palma, son los que han registrado los mayores aumentos.

Asimismo, los altos precios que el conflicto ha generado en los mercados internacionales impactarían al subgrupo de alimentos dada la importancia que Rusia y Ucrania, así como otros países ubicados alrededor del Mar Negro, tienen sobre la producción mundial y sobre las exportaciones de insumos agroindustriales empleados en la producción de alimentos (WEO Abril 2022). Entre estos se destacan la soya, el trigo, el maíz y la urea, los cuales ya han experimentado alzas en sus cotizaciones internacionales.

Aunque un análisis inicial muestra como Rusia y Ucrania representaron apenas el 1,2% de las importaciones en 2021 para Colombia, el análisis se torna distinto cuando se detalla por sector y por bien tranzado. Los dos rubros más relevantes son en primer lugar los abonos (urea principalmente), esencial en la fertilización del sector agropecuario y en un segundo lugar el trigo, usado en la industria de molinería, panadería y derivados. Ucrania y Rusia suman el 40% y el 2% de las importaciones de urea y de trigo respectivamente. Por ejemplo, cifras de la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC) para el año 2020, destacan como Colombia importó 72.197 toneladas de abonos y fertilizantes, y 179.000 toneladas de urea desde Rusia, lo que dejó a este país como el punto de origen del 20,3 % del total de las importaciones de agro insumos.

Siendo este país el principal exportador de urea, con alrededor del 14% de las exportaciones mundiales, se espera que, se continúen desatando presiones adicionales sobre la inflación de alimentos, una vez que este abono es una de las principales fuentes de nitrógeno, empleada ampliamente en la producción de arroz, maíz, trigo, caña de azúcar, papa, pasturas, frutas y hortalizas. Como se muestra en el gráfico 10, el apartado de abonos y los plaguicidas del IPP ha venido aumentando su precio durante 2021 hasta alcanzar su mayor nivel en abril del 2022 presentando tanto un nivel (171,1) como una variación anual (30,1%) históricamente altos, impulsado de igual forma por otros artículos como el potasio.

Sumado a las restricciones impuestas por occidente a Rusia, existe una doble presión al precio de la urea debido a que el gas natural (principal materia prima de su producción) también ha experimentado alzas importantes en su cotización internacional. Por lo tanto, es plausible esperar que, ante alguna intensificación del conflicto geopolítico entre Rusia y Ucrania, continúe el aumento de los precios de estos insumos, presionando asimismo los costos de producción de los cultivos agrícolas y en los precios al consumidor, sea o por la transmisión directa del precio a través de la cadena o por menor oferta, ante una eventual menor cantidad de hectáreas cultivadas.

2.2 Contexto interno

En el contexto interno una multiplicidad de factores impulsó los precios al alza, tanto durante el año 2021 como en el corrido de 2022. En primer lugar, se resalta la menor oferta de algunos alimentos como la papa, algunas hortalizas y frutas durante buena parte del año debido a un ciclo productivo desfavorable. Lo anterior debido a que, al presentarse situaciones en las que existe un precio bajo (como el de la papa a finales del 2020 y principios de 2021) por una alta producción, la respuesta de los agricultores, para el siguiente ciclo productivo es una disminución del área cultivada, lo que deriva meses después en una menor oferta y de nuevo con una fase ascendente de precios.

Asimismo, en el apartado de los cárnicos, en especial de la carne de res, el sacrificio de cabezas presenta un bajo nivel comparado con años anteriores (Gráfico 11) al cual se le suma un alto nivel de exportaciones dada la cotización internacional favorable y la alta tasa de cambio, que hoy repercuten en una menor oferta y en una variación anual del 32,1%. Si bien durante el mes de marzo se registró una caída en las ventas externas, los dos primeros meses del año han jalonado las exportaciones durante el año corrido ubicándolas en el 8,3% durante este periodo. Se destaca en este apartado, que las mayores exportaciones estarían jalonadas por una creciente demanda de carne de res orgánica, incentivada por un mayor interés en consumir productos involucrados en procesos sustentables y saludables, en los cuales el ganado colombiano, que utiliza grandes extensiones de tierra para su alimentación y crecimiento, tiene ventaja.

Se espera que con los resultados del presente año se supere la cifra del total de exportaciones de carne de res del año 2021 las cuales ascendieron a USD 427,4 millones según el DANE y que el comportamiento de las exportaciones continúe con la tendencia que ha mostrado en los últimos meses, pues a pesar de los resultados obtenidos, la Federación Colombiana de Ganaderos (FEDEGAN) espera que para 2022 las exportaciones aumenten a USD 500 millones, siendo el mercado chino una de sus principales apuestas (Gráfico 11).

Por otro lado, producto de los bloqueos y el paro camionero registrado en el primer semestre de año 2021, la destrucción del inventario avícola sigue teniendo repercusiones sobre los precios del pollo y el huevo, principales sustitutos de la carne de res. Estos dos alimentos han visto un repunte de sus precios al consumidor en los últimos meses. Según el DANE, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) de abril aumento un 35,2% para el de precio de huevo y para el caso del pollo el incremento fue del 24,8% en consecuencia de la muerte de 14 millones de aves, entre pollo de engorde y ponedoras, que se estima solo se recuperaran a finales de este año según la Federación Nacional de Avicultores de Colombia (Fenavi).

  1. Medidas arancelarias
  2. 1 Normativa

En aras de moderar las presiones alcistas de la inflación provenientes del componente de alimentos, el Gobierno Nacional en cabeza del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo expidió el 3 de marzo el decreto 307 de 2022, mediante el cual -modifica parcialmente el arancel de aduanas para las importaciones de productos que inciden en la canasta de consumo de los hogares-. En particular, la medida estableció una reducción del arancel de 0% por 6 meses a 165 subpartidas que no cuentan con Registro de Producción Nacional y que corresponden en su mayoría a insumos agropecuarios. Además, suspendió por el mismo periodo la aplicación del Sistema Andino de Franja de Precios para dos subpartidas[1] (malta tostada y sin tostar). Posteriormente, el 4 de abril se expidió el decreto 504 de 2022 mediante el cual se redujo el arancel a 0% a 39 subpartidas adicionales por un total de 12 meses y se amplió por el término de 6 meses la medida para un total de 36 subpartidas que habían sido inicialmente contempladas en el Decreto 307.

3.2 Ejercicio de estimación de los impactos potenciales

Dada esta nueva normativa con la cual se busca disminuir los costos de producción de las actividades agrícolas y pecuarias, y así mitigar las presiones alcistas traspasadas al consumidor final, resulta relevante hacer un análisis del impacto potencial que estas medidas puedan tener en primer lugar sobre el IPP y posteriormente sobre el IPC, considerando que los canales de transmisión entre ambos índices son indirectos y pueden registrar rezagos. Lo anterior debido a que, en primera instancia, ambos índices presentan importantes diferencias metodológicas en términos del tamaño, cobertura y estructura de las cestas y, en segunda instancia, debido a que las decisiones de producción no responden de manera inmediata a las reducciones de los costos y por consiguiente se transmiten periodos después y de forma parcial hacia el precio de los consumidores. Por ejemplo, los precios actuales de los productos agrícolas dan cuenta, además de factores actuales de demanda, de los costos afrontados y de las decisiones de cultivo tomadas por parte de los productores meses atrás, de acuerdo con el ciclo particular del producto.

En la literatura se ha estudiado la relación entre el IPP y el IPC, en aras de identificar la dirección de causalidad entre ambos índices, dado que en principio la relación es ambigua, una vez que cada uno de ellos puede estar recogiendo de forma anticipada la dinámica futura del otro. En primera instancia, el IPP podría incorporar información acerca de la evolución del IPC, al recoger el comportamiento de los precios del primer eslabón de las cadenas de comercialización, los cuales se espera que se transmitan posteriormente al precio final de los consumidores. Asimismo, el IPC podría anticipar el comportamiento del IPP, al dar señales a los productores sobre la dinámica de la demanda que influyan sobre sus decisiones actuales y futuras de producción. A esto se le añade el papel que juegue el intermediario entre el productor y el consumidor, el cual también interviene sobre la formación de precios.

En la literatura internacional, por ejemplo, se ha encontrado principalmente una relación de causalidad desde el IPP al IPC empleando modelos de vectores autorregresivos (VAR) o modelos vectoriales de corrección de errores (VECM). Para el caso de Colombia, Huertas y Jalil (2000), si bien no encontraron evidencia de una relación de largo plazo entre las variaciones anuales del IPC total y el IPP total a partir de técnicas econométricas de cointegración, identificaron una relación de largo plazo y de causalidad en ambos sentidos entre el IPC sin servicios y el IPP de consumo final. Posteriormente, Caicedo, Martinez & Tique (2012) estudiaron si el IPP se puede considerar como un índice líder del IPC y encontraron que, una vez se lleva a cabo una homogenización de rubros y ponderaciones entre ambas canastas, el IPP adelanta al IPC y puede anticipar su evolución en uno o varios periodos adelante.

Dados estos resultados, para estimar el impacto potencial de las medidas arancelarias sobre la inflación se estimó en primera instancia la relación entre las variaciones mensuales del IPC y las variaciones mensuales del IPP oferta interna. Se partió del IPP de oferta interna – IPP OI-, dado que este se compone por el IPP de productos importados – IPP I- y por el IPP de los productos producidos y consumidos – IPP PC-, lo cual permite incorporar de forma directa el impacto de la reducción sobre los aranceles al IPP I y posteriormente, de acuerdo con su participación, al IPP OI. A partir de un VECM, se identificó la existencia de una relación de largo plazo y, en línea con lo encontrado previamente por Caicedo et. al (2012), se obtuvo que las variaciones mensuales del IPP OI causan en el sentido de Granger a las variaciones mensuales del IPC.

Identificada esta relación, se procedió a clasificar y asignar los productos sujetos a la normativa de reducción de aranceles dentro de alguna de las 291 subclases existentes dentro del IPP I. Así, los 204 productos favorecidos por los decretos se reunieron en un total de 34 subclases, a las cuales se les calculó el nuevo índice de precios, descontándole el porcentaje del arancel, que variaba desde 5% a 15%[2]. Este procedimiento se hizo partiendo desde el mes de marzo de 2022 y considerando los diferentes periodos de vigencia de las normativas para los diferentes productos (Tabla 1). Asumiendo que el IPP de las subclases restantes se mantuvo constante, se continuó con la estimación del índice importado potencial agregado – IPP I*- empleando las participaciones de cada subclase. Posteriormente, y asumiendo que el IPP PC se mantenía también constante, se estimó el índice de oferta interna potencial agregado – IPP OI*-.

Contando con el IPP OI* para los principales meses de interés (meses en los que inicia o se culmina la vigencia de alguno de los decretos)[3], se empleó el modelo para pronosticar la dinámica conjunta de las variaciones mensuales del IPC y del IPP OI*. Asimismo, de forma paralela sé modelo dicha dinámica conjunta, pero sin considerar los efectos potenciales de la reducción de aranceles. De esta forma se obtuvo un punto de comparación que permite aislar el efecto potencial de la norma para cada mes durante los diferentes periodos de vigencia. Con dichas variaciones es posible asimismo estimar el IPC para cada periodo, lo que permite finalmente calcular la inflación anual en ambos escenarios.

Dado lo anterior, se estimó un impacto máximo de -16,3 pbs sobre la inflación en el mes de septiembre de 2022 y un impacto para final del año de -7,6 pbs. El impacto disminuye de forma paulatina desde septiembre, una vez que se incrementan los aranceles nuevamente para un total de 129 productos. De los 75 productos que cierran el año sin arancel, este se instaura nuevamente para 36 en marzo de 2023 y para 39 en el mes de abril del mismo año.

Se concluye así que, si bien la medida efectivamente tiene un impacto negativo sobre la inflación, el efecto total es limitado. Estos resultados sugieren que el carácter transitorio de la norma y por tan solo un periodo de 6 meses para la mayoría de los productos, podría no generar los suficientes incentivos en los productores para que amplíen la oferta de forma significativa y presionen a la baja los precios de los alimentos. Además, dado el alto incremento de estos precios a nivel internacional, la reducción de aranceles mitigaría solamente de manera parcial su transmisión hacia los precios internos.

 

 

[1] El Sistema Andino de Franjas de Precios (SEFP) es un mecanismo de estabilización del costo de importación de un grupo especial de productos agropecuarios caracterizados por presentar alta volatilidad en sus precios internacionales. Este consiste en aumentar el arancel cuando el precio internacional se encuentra por debajo del limite inferior pactado y rebajarlo hasta cero cuando dicho precio se ubique por encima del límite superior.

[2] Cuando productos clasificados dentro de la misma subclase del IPP I tenían asignadas diferentes reducciones de aranceles, se optó por tomar el promedio de dichos aranceles y redondearlo hacia el valor mas cercano a 5,0%, 10,0% o 15,0%. Por ejemplo, dentro de los 15 productos referentes a distintos tipos de Aceites Esenciales, agrupados dentro de la subclase “Aceites esenciales y sus concentrados y destilados y soluciones acuosos de aceites esenciales”, 11 productos contaban con un arancel de 5,0% y los 4 restantes con un arancel de 10%. El promedio del arancel se estima en 6,3%, por lo cual se decidió asignarle un arancel total de 5,0% al IPP de dicha subclase.

[3] Marzo, abril y septiembre de 2022; Marzo y abril de 2023.

Consideraciones finales

La aceleración de la inflación en Colombia hasta niveles históricos ha estado principalmente impulsada por el comportamiento al alza del componente de alimentos, el cual registró la variación más alta desde la adopción del régimen de inflación objetivo. Este comportamiento responde a las presiones prevenientes de un pequeño grupo de productos que, en el agregado del componente y dentro de los segmentos procesados y perecederos, han explicado más del 70,0% de la inflación anual.

El alza de los precios de los alimentos está en sincronía con el contexto internacional, en donde se han alcanzado máximos históricos durante esta década ante un comercio mundial que sigue limitado por la disrupción en las cadenas de suministro y los altos costos de transporte. Esto, aunado a la incertidumbre por el devenir del conflicto bélico entre Rusia y Ucrania, han presionado al alza el precio de ciertos insumos agropecuarios empleados en la producción local, que se han trasladado hacia el precio final de los consumidores. Asimismo, factores de origen interno tales como ciclos productivos desfavorables de algunos alimentos, así como restricciones en la oferta explicadas por mayores exportaciones, han acentuado las presiones en este componente.

Con el objetivo de frenar la aceleración del precio de los alimentos, el Gobierno Nacional estableció dos decretos en los que se autoriza la reducción de los aranceles hasta 0,0% para un total de 204 productos para periodos comprendidos entre 6 meses y 1 año. A partir de un ejercicio de identificación y cálculo de la reducción de aranceles sobre el IPP de los bienes importados y del IPP de oferta interna se logró determinar que el conjunto de medidas tendría un impacto potencial máximo de 16,3 pbs sobre la inflación anual del mes de septiembre de 2022 y de 7,6 pbs al final del año. Así, si bien la medida aporta a contener la inflación total, el impacto estimado es limitado, especialmente teniendo en cuenta la magnitud del choque externo y su persistencia durante los últimos meses.

 

Referencias:

Banco de la República (2022). Informe de Política Monetaria. Enero.

Caicedo, E., Martinez, W. & Tique, E. (2012). Explorando la relación entre el IPC e IPP: El caso colombiano. Banco de la República de Colombia

Departamento Administrativo Nacional de Estadística – DANE (2022). Índice de precios al consumidor. Disponible en: https://www.dane.gov.co/index.php/estadisticas-por-tema/precios-y-costos/indice-de-precios-al-consumidor-ipc

Departamento Administrativo Nacional de Estadística – DANE (2022). Índice de precios al productor. Disponible en: https://www.dane.gov.co/index.php/estadisticas-por-tema/precios-y-costos/indice-de-precios-del-productor-ipp

Drewry World Container Index (2022).

Encuesta de Sacrificio de Ganado (ESAG) (2022). DANE. Disponible en: https://www.dane.gov.co/index.php/estadisticas-por-tema/agropecuario/encuesta-de-sacrificio-de-ganado

Food and Agriculture Organization (FAO) (2022). Índice de precios de los alimentos.

Huertas,C & y Jalil, M (2000). Relación entre el Índice de precios del productor (IPP) y el Índice de precios al consumidor (IPC). Banco de la República de Colombia.

 

Notas

Tendencia Económica

227

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22 de junio de 2022

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